Junio 23, 2026 #Columnas y Entrevistas #Entrevistas

Joel Martínez, perfumista e investigador del Patrimonio Aromático: “Chile huele a diversidad y también a naturaleza salvaje”

Desde la observación de los territorios hasta la destilación de especies nativas, su trabajo traduce la riqueza geográfica del país en experiencias sensoriales únicas que hoy circulan en distintos mercados internacionales.

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Lo hermoso que se ha vivido en “432” es el contacto con gente de todo el planeta que nunca ha venido a Chile fisicamente, pero que comienzan a viajar a través de estos aromas.

La pregunta “¿A qué huele Chile?” marcó el inicio de un camino que hoy define la trayectoria de Joel Martínez. Perfumista, destilador e investigador de la etnoperfumería latinoamericana, ha dedicado su trabajo a explorar el vínculo entre territorio, cultura y aromas, desarrollando fragancias que capturan la identidad del país desde sus paisajes y biodiversidad.

Nacido en Arica, al norte de Chile, Martínez cultivó tempranamente su vínculo con el mundo vegetal a través de viajes familiares al interior de la región, visitas a viveros y festividades tradicionales. Ese entorno despertó una fascinación profunda por las plantas y sus propiedades, que con los años se transformó en una línea de investigación y creación.

Actualmente, a través de su marca “432”, desarrolla composiciones que nacen de la recolección y destilación de especies nativas, proponiendo una lectura sensorial del territorio. Sus fragancias buscan traducir procesos naturales, memoria y paisaje en relatos olfativos que permiten recorrer Chile desde cualquier parte del mundo.

¿Cómo nace tu pasión por la perfumería y en particular la marca “432”?

Todo comienza en Arica, en Azapa, recorriendo de niño los viveros y las fiestas tradicionales del interior de Arica: Codpa, Mamiña, Matilla, Ticnamar, Socoroma. Esa fue mi infancia, y de ahí los aromas del Mercado Agro fueron algo que me han acompañado hasta el día de hoy. Así surgió esta obsesión por las plantas y la magia que hay en sus aromas.

En particular, “432” nace después de estudiar y compartir con yerbateros, chamanes y gente involucrada en el mundo de las extracciones de plantas con fines medicinales. Ellos me inspiraron a comenzar a destilar y a encontrar esta belleza que hay escondida en las plantas del sur del planeta.


¿Qué tipo de elementos de Chile capturas para crear los aromas y que la gente los capte?

En la última colección llamada “Los siete mestizos”, ocupamos materias primas que vienen desde la Patagonia sur y las islas del Océano Pacífico. Usamos los milenarios cipreses de las Guaitecas, troncos caídos hace 200 años de árboles que vivieron otros 800, los cuales destilamos junto a una destiladora local en Melinka. De ahí hacia el norte, pasando por los arrayanes, las cortezas de canelo, la chachacoma blanca y un montón de materiales preciosos: las resinas de araucaria y la tepa increíble de la Araucanía.


¿Cómo es el proceso técnico para transformar una planta, resina o paisaje en un perfume?

Lo primero es la inspiración, que viene tanto de la geografía como de la gente que habita el lugar y de sus plantas. Por ejemplo, la fragancia Viento Puelche nace en el 2020 haciendo una minga en Liquiñe, en la Cordillera de los Andes cruzando a Argentina, a la misma altura de Valdivia. Ahí tuve mi primera relación con la tepa, un laurel silvestre y estos árboles hermosos. 

Luego vienen las extracciones, que se hacen por vías de alambiques de cobre. Chile tiene un montón de tradición con el cobre y con los alambiques, ya que somos un país pisquero que siempre ha destilado para obtener alcoholes. Lo que estamos haciendo desde “432” es ocupar esa misma tecnología, pero para destilar aromas.

A tu juicio, ¿la geografía de Chile es ideal para crear aromas? ¿Por qué?

En Chile tenemos una diversidad aromática que aún no es conocida en el mundo. Tenemos el desierto de Atacama, la rica-rica en el norte, el orégano de Socoroma, los mangos de Pica, la chachacoma blanca en Colchane. Y de ahí nos vamos por el bosque esclerófilo con arrayanes, peumos, boldos y  hasta el sur con cortezas de cipreses y canelos. Tenemos una diversidad territorial y climática que nos permite ser creativos y diversos. Y aún no hemos hablado de lo que hay bajo el mar.

La esencia de Chile en el mundo

Formado en Francia y Reino Unido, y con un fuerte trabajo de campo en Chile, Martínez hoy divide su tiempo entre la creación de nuevas composiciones y la difusión internacional de su trabajo. Sus fragancias han tenido una positiva recepción en mercados de Europa y Medio Oriente, con creciente visibilidad en redes sociales y cobertura en medios especializados.

¿Cómo ha sido la recepción del público internacional? ¿Hay algo que les llame la atención en particular?

Lo hermoso que se ha vivido en “432” es el contacto con gente de todo el planeta que nunca ha venido a Chile fisicamente, pero que comienzan a viajar a través de estos aromas. Clientes de Estados Unidos, Europa, Medio Oriente, China e incluso vecinos de Uruguay o Argentina nos conocen a través de los aromas.

Pueden viajar e imaginarse estando en una isla aislada en las Guaitecas a través de la fragancia Melinka, o vivir un Guillatún a través de Canelo Negro. Lo que más se repite, principalmente entre los coleccionistas, es que les sorprende que esto no se parezca a nada.

Si tuvieras que quedarte con un elemento de la geografía chilena para hacer una esencia, ¿con cuál sería y por qué?

Me quedaría con el ciprés de las Guaitecas. El ciprés de las Guaitecas nos hace viajar por siglos; son árboles milenarios que han estado siempre con nosotros. Las tapas de Melinka que están en nuestros perfumes las encontramos en San Felipe; las usaban como postes en un viñedo, las usaban como mástiles en embarcaciones. Nos lleva a un lugar tan íntimo y ancestral, que es un viaje que realmente nos conecta con otros mundos y nos despierta lugares y sensaciones que a veces no sabíamos que teníamos adentro.

Por último, ¿a qué huele Chile?

Chile huele a diversidad y también a naturaleza salvaje.