Desde su creación en 2011, este encuentro se ha consolidado como una plataforma que articula ciencia, política pública, academia y sociedad para anticipar los grandes desafíos del futuro. En esta entrevista, su fundador aborda las claves de un modelo desarrollado en Chile que hoy comienza a proyectarse internacionalmente.
La última edición de Congreso Futuro reunió a más de 65.000 asistentes de manera presencial, convocó a 120 especialistas nacionales e internacionales —entre ellos tres Premios Nobel— y abrió el debate sobre temas como la inteligencia artificial, el futuro del trabajo y las principales transformaciones que enfrenta el mundo. A lo largo de más de una década, la iniciativa ha evolucionado desde un encuentro de divulgación científica hacia una plataforma de articulación entre el mundo político, la academia, el sector privado y la ciudadanía para anticipar y discutir los desafíos del futuro.
En ese contexto, Guido Girardi, exsenador de Chile, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Encuentro del Futuro y fundador de Congreso Futuro, conversó con Marca Chile sobre la evolución de esta iniciativa, el valor de un modelo colaborativo que hoy comienza a replicarse en otros países, el desarrollo de proyectos como LatamGPT, el liderazgo de Chile en neuroderechos y el rol que la ciencia y la tecnología pueden desempeñar en la construcción de una imagen país más competitiva.
Congreso Futuro se ha consolidado como una de las principales plataformas de divulgación científica en la región. Desde su perspectiva, ¿cuál ha sido su principal aporte en la instalación de la ciencia y el pensamiento de futuro en la agenda pública chilena?
Estamos viviendo una era de cambios gigantescos donde el mundo del mañana será gestionado por la tecnología. Esto siempre ha sido así, pero ahora ocurre a una velocidad exponencial; estamos en una era de aceleracionismo tecnológico que comienza a dejar obsoletas a todas las instituciones. En ese escenario, Congreso Futuro actúa como una antena de futuro. Al invitar a 120 de los cerebros más importantes del mundo logramos anticiparnos y diseñar escenarios posibles para comprender el mundo que viene.

Además, democratizamos el conocimiento. Ayudamos a que esta conversación deje de ser un privilegio de élite y se transforme en un debate de toda la sociedad. Lo que nos hace únicos es que logramos unir a todas las universidades chilenas, tanto públicas como privadas, a la Academia de Ciencias, a las regiones y a los territorios. Sentamos en la misma mesa al Senado, a la Cámara de Diputados y al mundo privado.
De esta manera, recomponemos un espacio que se estaba perdiendo en la sociedad: el de la conversación democrática, del consenso y del acuerdo. Congreso Futuro es un laboratorio de innovación social y una antena que no solo espera a que el futuro llegue, sino que lo construye a partir de la comprensión y el aprovechamiento de nuestras oportunidades.
En esa misma línea, ¿cuáles son los elementos distintivos del modelo de Congreso Futuro que lo convierten en un formato chileno innovador, capaz de ser replicado con éxito a nivel internacional?
No existe en ninguna otra parte del mundo la posibilidad de que un parlamento convoque a todas las universidades de su país, públicas y privadas, junto a la Academia de Ciencias, el mundo privado, las regiones, los alcaldes y la juventud. Nosotros hemos logrado cuidar y potenciar ese valor: el de construir espacios de conversación transversales e inteligentes. La inteligencia emerge justamente de la diversidad. A mayor diversidad, Chile puede ser más inteligente.
Este modelo es único y ya lo hemos empezado a exportar. Estuvimos en Bolivia y también organizamos un Congreso Futuro en España junto a la SEGIB, donde participó el Rey de España, las universidades españolas y sus academias de ciencias. También lo llevamos a Marruecos, colaborando con su Parlamento y sus universidades.
Incluso las Naciones Unidas han transformado iniciativas impulsadas por nosotros en modelos globales. La UNESCO nos invitó porque quiere que el modelo de Congreso Futuro y del proyecto Proyecta Chile se transformen en referentes internacionales exportables. El objetivo es generar políticas públicas atingentes que entiendan el entorno actual para dar respuestas eficientes y potenciar nuestras múltiples oportunidades.

Iniciativas como LatamGPT han situado a Chile en una posición relevante en inteligencia artificial en la región. ¿Qué condiciones se deben fortalecer para consolidar y proyectar ese liderazgo?
El éxito reciente de iniciativas como LatamGPT, demuestra que el posicionamiento de Chile en esta disciplina es el resultado directo de la colaboración. Cuando existe una cooperación real entre las instituciones científicas y académicas, el país es capaz de avanzar a pasos agigantados y liderar a nivel regional.
Esta focalización debe alinearse con las grandes áreas donde el país posee ventajas comparativas inigualables. Chile necesita direccionar la inteligencia artificial hacia su enorme potencial minero y energético, la riqueza alimentaria de sus océanos y su privilegiada capacidad astronómica. Asimismo, reúne las condiciones ideales para albergar la infraestructura de grandes centros de datos y liderar la construcción sustentable en madera, un sector clave para el futuro global en el que el territorio chileno cuenta con un treinta por ciento de suelo con vocación forestal y una vasta experiencia acumulada.
Sin embargo, el avance tecnológico no puede desligarse de una profunda discusión política y ética sobre el futuro de la humanidad. Como bien advierten encíclicas papales y foros internacionales contemporáneos, lo que hoy está en juego es la propia esencia humana frente a la posibilidad de entrar en una era post-humana, una realidad que exige decisiones éticas firmes antes de que el control del futuro escape de nuestras manos.
Los avances de la neurotecnología han abierto nuevas oportunidades para el tratamiento de enfermedades y el desarrollo científico, pero también plantean desafíos inéditos para la protección de la privacidad, la identidad y la libertad cognitiva. En ese escenario Chile se ha posicionado como referente global al incorporar los denominados neuroderechos en su marco constitucional, sentando un precedente ético esencial para el desarrollo científico.
¿Qué mensaje proyecta Chile a nivel internacional al incorporar esta protección en su agenda legislativa?
La posición de avanzada que hoy tiene Chile en materia de neuroderechos es el resultado directo de Congreso Futuro. En este marco, contamos con la valiosa participación de Rafael Yuste, director mundial del Brain Project, quien nos alertó sobre los riesgos futuros de dispositivos de neurotecnología actualmente en desarrollo.

Estas herramientas no solo prometen leer emociones, sentimientos e incluso el inconsciente, sino que, al poder leer la mente, también abren la puerta a escribir en ella y manipularnos. Si bien este desarrollo ofrece un potencial gigantesco para ayudar a enfrentar enfermedades devastadoras como el Alzheimer o el Parkinson, también plantea la urgente necesidad de establecer límites claros. Debemos definir cuándo usar esta tecnología en beneficio de la humanidad y no en su contra.
Por esta razón, nos propusimos crear un nuevo derecho humano para la preservación de nuestra identidad y, sin ir más lejos, esta legislación ha sido exportada como modelo a nivel mundial.
¿De qué manera la ciencia y la tecnología contribuyen a construir una imagen país mucho más sólida, competitiva y atractiva a nivel internacional?
Iniciativas como Congreso Futuro demuestran la inmensa calidad de nuestra comunidad intelectual. En Chile estamos construyendo sobre hombros de gigantes que nos antecedieron en áreas como la salud, la educación y la economía, y hoy el país destaca por innovaciones empresariales que son únicas.
Históricamente, el mundo ha mirado a Chile a través de la belleza de sus territorios, la calidez de su gente y la profundidad de sus poetas, consolidando la identidad de un país profundamente espiritual. Sin embargo, cuando a esa riqueza cultural y natural le añadimos la vanguardia científica de Congreso Futuro, la creación de leyes pioneras como la de neuroderechos y el impacto de festivales como Teatro a Mil, transformamos por completo nuestra reputación internacional.
Al dotar al país de ciencia, tecnología e ideas de frontera, proyectamos la imagen de una nación moderna y sofisticada a la cual la gente del mundo quiere venir, a la cual quiere pertenecer y con la cual desea relacionarse activamente.