Exportar contenidos artísticos y servicios culturales es una manera de aportar al mundo estéticas y visiones de mundo; es aportar a la construcción de sentido humano en un mundo automatizado.
“Quiero agradecer, en primer lugar, a la arquitectura”. Así comenzó Smiljan Radić su discurso al recibir el Premio Pritzker en mayo de este año. Desde Teatro Biobío –una de sus creaciones más celebradas– hacemos propia la frase, pues el diseño proyectado por Radić, Eduardo Castillo y Gabriela Medrano, hace posible una gestión descentralizadora y de alcance internacional, lo que da cuenta de la importancia de una política pública con impulso regional y nacional.
Emplazado a orillas del río Biobío en Concepción, Teatro Biobío desafía a la tradición con un diseño austero, un “esqueleto de un teatro embalado”, según Radić. Su membrana translúcida blanca alumbra, sobre todo cuando se enciende de noche, el potencial del territorio se ubica: un sitio abandonado por décadas, que ya proyecta una revitalización al modo del “Efecto Guggenheim” ocurrido en Bilbao, España.
Desde su inauguración en 2018, Teatro Biobío tuvo gran notoriedad en el medio arquitectónico, lo que permitió advertir su potencial para vincular a Biobío y a Chile en los circuitos culturales mundiales. Desde entonces, su actividad contribuye fuertemente a proyectar y posicionar la identidad de la región en el país y el planeta.

El edificio de 10 mil m² cuenta con dos salas, oficinas y espacios para la creación. Frente a un desarrollo cultural históricamente concentrado en la capital, Teatro Biobío ha impulsado una programación descentralizadora, la creación de contenidos locales de exportación, residencias artísticas y TBB Lab, un laboratorio de innovación escénica posibilitado por la flexibilidad de su arquitectura. Este incluye un taller de realización, lofts y un co-work a cargo de un equipo especializado.
Desde este modelo, Teatro Biobío se sumó a Teatro del Lago en la coproducción de Patagonia, de Sebastián Errázuriz, presentada en Chile, Argentina, España y Portugal. También promueve intercambios con centros de residencia españoles como Nau Ivanow y Espacio Inestable, que impulsan la creación y amplían las redes internacionales.
Los espacios culturales son motores de desarrollo social y económico, impulsores de identidad y bienestar. Exportar contenidos artísticos y servicios culturales es una manera de aportar al mundo estéticas y visiones de mundo; es aportar a la construcción de sentido humano en un mundo automatizado. El reciente Premio Pritzker de Radić es un ejemplo de todo lo anterior y reafirma la senda internacional que la arquitectura proyectó para Teatro Biobío.