Desde la ciudad hasta las cumbres, desde la fotografía hasta la conservación, la Cordillera de los Andes aparece como una presencia esencial para comprender quiénes somos.
La Cordillera de los Andes está siempre ahí. Su presencia acompaña la vida cotidiana desde el norte hasta la Patagonia: aparece en los dibujos de infancia, en el fondo de las ciudades, en los caminos hacia los valles, en los volcanes, los bosques, los glaciares y las cumbres que han marcado nuestra manera de habitar el territorio. Pero más que un paisaje, los Andes son también una forma de mirar, de orientarnos y de reconocernos.
Para este capítulo de Voces desde Chile reunimos cuatro miradas sobre la cordillera: la de Rodrigo Jordán, líder de la primera expedición sudamericana en alcanzar la cima del Everest; Pablo Valenzuela, fotógrafo del patrimonio natural y cultural chileno; Valentina Guzmán, guardaparque de la Asociación Parque Cordillera; y Paulo Cox, autor del Libro largo de los Andes de Chile. Desde la experiencia de la montaña, la fotografía, la conservación y la memoria territorial, sus voces nos invitan a mirar de nuevo ese paisaje que ha estado siempre frente a nosotros.
Profesor, fundador de Vertical y líder de la primera expedición sudamericana en alcanzar la cima del Everest.
_ Yo tenía seis o siete años. Mi familia se mudó a una casa en Pedro de Valdivia Norte, justo debajo del cerro San Cristóbal, que se transformó en el jardín de mi casa. Ahí iba a jugar a los exploradores o a los vaqueros. No era montañismo, pero me gustaba mucho la naturaleza, los bosques. En eso, mi abuela me regaló un libro de geografía, La Tierra y sus recursos, y en él venía una foto de Tenzing Norgay, el guía sherpa que protagonizó la primera ascensión exitosa al Everest. Y a mí me pasó una cosa en las entrañas. Dije: “Yo quiero hacer eso”.
_ La cordillera central de los Andes es bastante única en el planeta, porque está muy cerca de las ciudades y el cambio es muy drástico en muy poco tiempo. Es una experiencia muy especial pasar de la ciudad a un ambiente de montaña bien hostil, bien agreste, con muy poca vegetación, muy poca fauna y un clima muy cambiante, pero de un colorido espectacular.

_ La cordillera es una barrera y, por tanto, transforma a Chile en una suerte de isla. Tenemos una cultura más aislada que otros países del continente. Perú, Ecuador y Colombia se parecen más entre ellos que con nosotros, ¿cachai? Y no quiero decir que seamos mejores o peores. Somos distintos.
_ Ir a la montaña es una suerte de retiro: uno se encuentra consigo mismo, con lo que es importante. Es también una sala de clases espectacular: de historia, de geología, de geomorfología, de naturaleza, pero también de habilidades sociales. Ante el cansancio, el compañero te convida una bebida o un durazno; tú le ayudas a él, le das la mano. La montaña nos iguala, independiente de tu historia familiar, económica, tu origen social o tus estudios. Da lo mismo si eres millonario o miembro de un sindicato: allá arriba te das cuenta de que todos somos bastante parecidos.

_ Hasta hace, no sé, 15 o 20 años, parques como Aguas de Ramón no existían. Estaba cerrado; tenías que saltar una reja para entrar. Hoy es un lugar de alta convocatoria, se llena los domingos. Las personas van a hacer caminatas con amigos o sus familias. Veo abuelos con sus nietos. Esa es una experiencia de paisaje muy entretenida, muy rica, porque te saca de los teléfonos, te saca de la ciudad y te conecta con la naturaleza y con el otro.
_ Si tuviera que decirle a un extranjero —y yo traigo muchos— qué es lo mejor de Chile, yo diría la cordillera. Quedan realmente impresionados. Ir a un lugar así, tan cerca de Santiago, es una experiencia única a nivel mundial.
_ Mi canción chilena favorita es Canción a Magdalena, de Julio Zegers.

Fotógrafo del patrimonio natural y cultural de Chile desde hace más de 30 años.
_ La Cordillera de los Andes me marcó desde muy chico. A los 12 o 13 años ya estaba subiendo cerros y, gracias a esa sensibilidad que tenía por las montañas, me dediqué a ser fotógrafo. Inicialmente mi objetivo era alcanzar una cumbre; luego, ese objetivo se transformó en tomar fotografías.
_ La cordillera no solamente es una escuela que te enseña a observar el paisaje, sino también una escuela de formación integral en la vida. Te enseña a conocerte a ti mismo, a apreciar las cosas simples y a entender que todos arriba en la cordillera somos iguales. Todos tenemos los mismos problemas, los mismos desafíos.
_ La cordillera es muy desafiante para la fotografía porque tiene un clima riguroso, difícil, lo que te obliga a caminar pausado, a no apurarte. En la fotografía es importante pelear contra esa ansiedad, porque requiere observación, composición y tiempo. La montaña te enseña a ser paciente.
_ Para entender la geografía de Chile, hay que verla no solamente como la de un país muy largo y estrecho, sino como un oasis dentro de Sudamérica. Los más de 4.000 kilómetros de Cordillera de los Andes que recorren Chile modelan nuestro paisaje. Tenemos altos volcanes en el norte, una zona central con una cordillera accidentada, luego una cordillera boscosa en el sur, hasta llegar a la Patagonia, donde prácticamente se hunde en el mar. De tal forma que los Andes en Chile son varias cordilleras, pero con un elemento común: tenerla siempre muy cerca de los valles y del mar.


_ En los últimos años ha habido una evolución tremenda en cuanto al volumen de gente que accede a la cordillera, sube cerros o hace trekking. Lo ves en los parques nacionales, la mayoría de ellos cordilleranos, a lo largo de todo Chile. A mí me tocó, a fines de los 80, ir a Torres del Paine y estar acampando solo con un amigo y un escocés, nadie más. Hoy bajas de la Base Torres y te puedes topar con 300 personas.
_ Yo siempre digo: en Chile no existe lugar desde el cual tú no veas un cerro. Cuando uno viaja o vive afuera, echa de menos esa cordillera que siempre está presente.
_ Mi canción chilena favorita es “A mi ciudad”, de Santiago del Nuevo Extremo.

Guardaparque de la Asociación Parque Cordillera.
_ Trabajar todos los días en la cordillera es siempre una experiencia distinta. Hay avistamientos de aves, especies que no veíamos hace mucho tiempo y que reaparecen. Eso es una de las cosas que más me llena: cada jornada es un reencuentro distinto con la naturaleza.
_ Hace poco, en el parque La Plaza Sur, estábamos haciendo trabajos de mantención en una zona de reforestación y encontramos una familia de yacas, una especie endémica de marsupial chileno. Fue un encuentro muy emocionante e inusual, porque apareció en sectores de precordillera, cuando normalmente suelen estar más adentradas en la montaña.
_ La cordillera es una de día y otra de noche. Al atardecer cambia todo: aparecen otras especies y se abre un mundo distinto. A mí me llama mucho la atención el avistamiento de aves nocturnas, como los búhos, que no se ven durante el día.
_ Creo que ha sido un gran aporte que existan más mujeres guardaparques. Nosotras aportamos otra mirada, sobre todo en la recepción de visitantes y en la forma de transmitir la importancia de protegerse en la montaña. Somos rigurosas, cercanas, y eso permite una conexión distinta con el público.
_ Los visitantes extranjeros quedan realmente impresionados con la belleza del bosque esclerófilo que resguardamos en la Asociación Parque Cordillera. Les llama la atención la mantención de los senderos, la señalética, la recepción y el cuidado de esta área natural de conservación. Muchos vienen de Europa, incluso de los Alpes suizos, y valoran mucho nuestra cultura montañosa.


_ La cordillera es un patrimonio natural muy importante para Chile. Nos diferencia de otras culturas, nos sirve como punto de referencia y, en la cuenca de Santiago, también nos da una sensación de protección. Siento que es un elemento clave para definirnos y sentir orgullo del lugar de donde venimos.
_ Mi canción chilena favorita es La poderosa muerte, de Los Jaivas.

Economista, fundador de la Sociedad Geográfica de Documentación Andina y autor del Libro largo de los Andes de Chile.
_ Aunque nací en Santiago, muy chico me fui con mis padres a vivir a Inglaterra, un país sin montañas. Mi primer conocimiento de la cordillera de Chile fue desde Londres, a través de los relatos y fotos que me mostraba mi madre. Ella me hablaba de Chile, de la cordillera más larga del mundo, de montañas inmensas y de cóndores sobrevolando los Andes. Eso me impresionaba mucho.
_ Luego, David Attenborough estrenó el documental El vuelo del cóndor, filmado en gran parte en los Andes de Chile, y mi madre me llevó a verlo al Museo de Historia Natural de Londres. Ahí nació mi pasión por mi país: mi primera conexión con Chile fue a través de la cordillera. Cuando regresamos, todavía era niño, y cada montaña que veía me atraía inmensamente.
_ No tengo ninguna duda de que la cordillera marca a fuego nuestra identidad, tanto si le damos la espalda como si la reconocemos y la hacemos parte de nuestra vida. Está presente en nuestra tierra y en lo primero que muchos niños dibujan cuando les piden representar un paisaje: una cordillera. Eso no es obvio; en el resto del mundo no ocurre necesariamente así.
_ Cuando camino y recorro estos lugares, siento algo parecido a la meditación. Llegar a lo alto, a una cumbre, me produce entusiasmo. Y entusiasmo, etimológicamente, significa “llevar los dioses adentro”. Es una conexión que nos lleva más allá de nosotros mismos y de nuestras preocupaciones pequeñas.
_ Un recuerdo muy bonito fue llegar a la cumbre del Aconcagua con mi padre. Tuvimos el privilegio de estar casi dos horas solos en la cima, conversando y llorando de emoción. Alcanzamos a ver el Pacífico y dijimos: “la cordillera de Chile”. Fue muy lindo.
_ Los chilenos estamos marcados por la cordillera, pero como nacimos mirándola, muchas veces la damos por sentada. Nadie recuerda el momento en que descubrió sus manos, algo parecido pasa con la cordillera. En cambio, cuando los extranjeros visitan Chile, quedan maravillados con su majestuosidad e inmensidad.


_ El Libro largo de los Andes de Chile busca justamente evocar esa inmensidad: una ilustración de toda nuestra cordillera, desde el volcán Tacora, en el límite con Perú, hasta Dientes de Navarino, en el extremo sur. No todo es exactamente preciso, pero permite representar la variedad y diversidad de los Andes a medida que cambian hacia el sur.
_ Mi canción chilena favorita es Alturas, de Inti-Illimani.