Junio 07, 2026 #Columnas

Columna | Un nuevo ciclo para la fruta chilena: diversificar, innovar y consolidar liderazgo

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Iván Marambio, Presidente de Frutas de Chile

Cada caja de fruta que llega a un consumidor en Asia, Europa o América del Norte transmite una promesa: la de un país confiable, serio en sus compromisos, y comprometido con la calidad y la sostenibilidad.

El sector frutícola chileno ha sido, por décadas, uno de los pilares más sólidos de nuestra inserción internacional. Desde los primeros envíos de uva de mesa en los años setenta hasta la actual diversificación de nuestra oferta exportadora, hemos construido una reputación basada en calidad, inocuidad y confiabilidad. Sin embargo, hoy enfrentamos un nuevo ciclo, marcado por transformaciones estructurales en los mercados, exigencias crecientes en sostenibilidad y una competencia cada vez más dinámica. Este contexto nos obliga no sólo a adaptarnos, sino a anticiparnos.

El mundo postpandemia, junto con fenómenos geopolíticos y cambios en los patrones de consumo, ha redefinido las condiciones bajo las cuales operamos. La concentración en ciertos mercados tradicionales (como Estados Unidos, China y Europa) ha sido históricamente una fortaleza, pero también representa un riesgo en un escenario de volatilidad. Por ello, uno de los grandes desafíos de esta nueva etapa es avanzar decididamente en la diversificación.

Como sector, hemos intensificado nuestra presencia en mercados emergentes con alto potencial de crecimiento, como India, el sudeste asiático, Medio Oriente y América Latina. Estos mercados no sólo ofrecen oportunidades en términos de volumen, sino también de valor, especialmente para productos frescos. La reciente apertura y consolidación de protocolos sanitarios, junto con el trabajo coordinado con las autoridades chilenas y nuestras contrapartes internacionales, ha sido clave para facilitar este proceso. No obstante, el desafío ahora es más profundo: pasar de una presencia inicial a una inserción estratégica, con campañas de promoción, conocimiento del consumidor y adaptación de la oferta.

En paralelo, la diversificación de productos se ha convertido en un eje central de nuestra estrategia sectorial. Chile ya no es únicamente reconocido por la uva de mesa o las manzanas. Hoy somos líderes globales en cerezas, ciruelas, arándanos y kiwis, y estamos ampliando nuestra presencia en frutos secos, paltas y cítricos. Este proceso ha sido posible gracias a una apuesta sostenida por la innovación, la reconversión de huertos y la incorporación de nuevas tecnologías productivas.

La industria ha demostrado una notable capacidad de adaptación. En uva de mesa y arándanos, por ejemplo, hemos transitado hacia variedades más firmes, de mejor sabor y mayor vida de postcosecha, alineadas con las preferencias de consumidores exigentes y con las necesidades logísticas de cadenas globales cada vez más complejas. Lo mismo ocurre en cerezas, donde la incorporación de variedades más tempranas y tardías permite extender la ventana comercial y mitigar riesgos de concentración.

Sin embargo, no basta con producir mejor; debemos también producir de manera más sostenible. El nuevo consumidor global exige no sólo calidad, sino también trazabilidad, respeto por el medio ambiente y responsabilidad social. En este ámbito, Chile ha avanzado significativamente en certificaciones, uso eficiente del agua, reducción de la huella de carbono y adopción de prácticas agrícolas sustentables. Aun así, el desafío es escalar estos esfuerzos, integrarlos en una narrativa país y transformarlos en una ventaja competitiva.

Otro elemento crítico de este nuevo ciclo es la logística. La experiencia reciente nos ha mostrado la vulnerabilidad de las cadenas de abastecimiento globales. Retrasos, costos elevados y falta de capacidad han impactado directamente la competitividad de nuestras exportaciones. Como sector, hemos fortalecido la coordinación público-privada para enfrentar estos desafíos, promoviendo mejoras en infraestructura portuaria, digitalización de procesos y diversificación de servicios. La eficiencia logística será, sin duda, un factor determinante en nuestra capacidad de consolidar mercados lejanos.

Asimismo, la articulación institucional y la inteligencia de mercados juegan un rol cada vez más relevante. Hoy contamos con herramientas analíticas más sofisticadas, que nos permiten identificar oportunidades, monitorear tendencias y tomar decisiones informadas. Desde Frutas de Chile, hemos impulsado la modernización de algunos de nuestros servicios de información, como las estadísticas de exportación, ciclos de webinars especializados y boletines informativos, que orienten la toma de decisiones de nuestras empresas, especialmente en un entorno donde los márgenes pueden ser cada vez más estrechos.

No podemos dejar de mencionar el rol del capital humano. La modernización del sector requiere trabajadores capacitados, capaces de operar nuevas tecnologías y adaptarse a procesos más complejos. En este sentido, la formación y capacitación deben ser una prioridad transversal, al igual que la mejora de condiciones laborales que permitan atraer y retener talento.

Finalmente, este nuevo ciclo también es una oportunidad para fortalecer la marca sectorial y país. El sector frutícola exportador no sólo compite en los mercados internacionales; también actúa como uno de los principales embajadores de Chile en el mundo. Cada caja de fruta que llega a un consumidor en Asia, Europa o América del Norte transmite una promesa: la de un país confiable, serio en sus compromisos, y comprometido con la calidad y la sostenibilidad.

En muchos mercados, la fruta chilena constituye el primer punto de contacto tangible con Chile. Para millones de consumidores, Chile no es un concepto abstracto, sino una experiencia concreta asociada a nuestras cerezas, nuestros arándanos o nuestras uvas. Esto nos plantea una responsabilidad mayor. La imagen país ya no se construye únicamente desde la diplomacia o la promoción institucional, sino también desde la consistencia de nuestra oferta exportadora, desde el cumplimiento sanitario, la transparencia comercial y la coherencia con los valores que el mundo hoy exige.

Por ello, debemos entender que cada decisión productiva, logística o comercial tiene también una dimensión reputacional. La sostenibilidad, la trazabilidad, el respeto por las personas y el medio ambiente no son sólo atributos deseables, sino componentes esenciales de la marca Chile. En este sentido, el sector frutícola tiene una oportunidad única de posicionar al país como líder global en alimentos saludables, confiables y producidos bajo altos estándares.

En síntesis, enfrentamos un escenario desafiante, pero también lleno de oportunidades. La diversificación de mercados y productos no es una opción, es una necesidad estratégica. La innovación, la sostenibilidad y la coordinación serán las claves para avanzar en esta nueva etapa. Como industria, hemos demostrado en el pasado nuestra capacidad de adaptación. Hoy, una vez más, estamos preparados para dar ese paso adelante, no sólo consolidando el liderazgo de la fruta chilena en el mundo, sino también contribuyendo activamente a proyectar una imagen país sólida, moderna y coherente con los desafíos del futuro.