Con una carrera que la ha consolidado como un referente de la moda en Estados Unidos —vistiendo tanto a mujeres cotidianas como a figuras emblemáticas como Michelle Obama—, la diseñadora chilena María Cornejo abre las puertas de su mundo creativo para conversar sobre su trayectoria en la escena global, su mirada sobre las mujeres reales que inspiran su trabajo y el papel de la sostenibilidad en su práctica.
Si hablamos de chilenos que han alcanzado la cima de su disciplina a nivel mundial, en el universo de la moda hay un nombre que destaca con fuerza: María Cornejo. Puede que para el público general no sea un rostro tan reconocible, pero en la industria su prestigio es indiscutido.
En 2023 recibió el Geoffrey Beene Lifetime Achievement Award en los CFDA Fashion Awards, uno de los máximos reconocimientos del sector —frecuentemente comparado con un “Oscar” de la moda—, además de una larga lista de premios a lo largo de su carrera. Sus diseños han vestido a figuras como Michelle Obama, Tilda Swinton y Christy Turlington, entre muchas otras.
En su tienda Zero + María Cornejo, ubicada en el barrio de NoLita, en Manhattan, nos recibe para conversar sobre su trayectoria, su mirada sobre la industria y su vínculo con Chile.

Con una trayectoria que te ha llevado por algunos de los principales centros de la moda en el mundo —Inglaterra, Japón, París, Nueva York—, ¿cómo has visto evolucionar la industria desde lo análogo hasta esta era digital?
Yo fui al colegio en Inglaterra en los años 80, en la época posterior al punk. En ese momento, las escuelas de arte eran mucho más creativas que ahora. Internet ha hecho todo accesible, pero al mismo tiempo se ha perdido la “mano”. Yo aprendí trabajando en fábricas en Italia, Japón, Francia e Inglaterra, colaborando directamente con quienes hacían los textiles. Inventábamos juntos.
Ahora casi todo es digital. Muchos diseñan en computador. Yo sigo trabajando en papel. Para mí, la moda es tridimensional. Muchos clientes me han dicho que pensaban que era arquitecta por la forma en que construyo la ropa, porque me gustan los volúmenes.
Siento que hoy falta artesanía, falta el corazón que se pone cuando uno conoce cómo funcionan los tejidos. No es lo mismo que diseñar en Photoshop.
Has hablado de tu vocación por vestir a una mujer real, una mujer con muchas vidas; una visión que muchas veces va a contracorriente con la industria. ¿Por qué crees que ese enfoque te ha dado tanto reconocimiento?
Yo diseño para una mujer real, como yo. Pienso en una mujer que deja a sus hijos en el colegio, va a reuniones, trabaja, tiene una cena en la noche, todo en el mismo día. Siempre digo que las mujeres somos como los gatos: tenemos muchas vidas al mismo tiempo.
No diseño para un ideal ni sigo tendencias. Diseño para mujeres creativas que viven lo mismo que yo. Por eso creo que conectan con mi trabajo. Son prendas interesantes y bellas, pero cómodas. Viajo mucho, y para mí es importante poder meter todo en una maleta en cinco minutos. La vida de la mujer hoy es muy ocupada. Hemos querido hacerlo todo: familia, carrera, todo. Y eso es mucho.

A pesar de ese enfoque en la mujer real, también has vestido a figuras muy reconocidas, como Michelle Obama.
Michelle Obama usaba mis diseños antes de llegar a la Casa Blanca; era clienta en Chicago. Después, cuando comenzó su etapa pública, hicimos varios diseños especialmente para ella. Años después, en una premiación en la Casa Blanca, me mencionó en un discurso sobre el sueño americano: habló de la mujer inmigrante trabajadora que empieza desde cero en Estados Unidos. Yo no sabía qué decir. Fue muy emocionante.
La sustentabilidad es un pilar de la Marca Chile y también uno de los sellos de tu trabajo; incluso has ganado premios por ello. ¿Por qué es un tema relevante para ti?
Esta siempre ha sido una prioridad para mí, pero hoy, que tengo hijos y nietos, es aún más relevante. Cuando empecé, compraba restos de telas que otros diseñadores habían desechado y los reutilizaba. Todo está conectado: el planeta y el bienestar de las personas. Las decisiones que tomamos hoy tienen consecuencias. Más allá de los premios, para mí es algo personal: es por mis nietos y las futuras generaciones.

En entrevistas previas hablaste de tu abuela y de tu infancia en Chile. ¿Qué recuerdos tienes de tu vida en nuestro país y de tus primeros acercamientos al mundo del diseño?
Vivíamos en Concepción, pero pasábamos los veranos en Santiago con mis abuelos. Mi abuelita tejía todo: mis tenidas completas, del mismo color. Ella me enseñó a tejer.
Mi abuelito trabajaba en construcción y hacía estructuras para mis muñecas. Ella les tejía vestidos. Todavía conservo una muñeca que ella rescató cuando salimos como refugiados políticos. En los años 60 era normal que las madres hicieran la ropa para sus hijos y, con los restos, hicieran ropa para las muñecas. Tengo recuerdos muy lindos de mi infancia.
¿Sientes que tu identidad chilena o latinoamericana se refleja en tu diseño?
Siempre ha estado. Los ponchos, los colores, la influencia latinoamericana. También la cultura mapuche, el negro, las joyas. Pero también tengo influencia de Londres y del punk, de Francia, de Japón. Las personas somos esponjas. A veces algo se ve más chileno, por el color o la forma, pero no es una referencia consciente. Está en el inconsciente.
¿Te sientes una embajadora de Chile en el mundo?
Me siento una embajadora de las mujeres que han sobrevivido en distintos lugares: Chile, Estados Unidos, Francia. Tengo orgullo de ser chilena, especialmente ahora, y de lo que Chile está haciendo en sostenibilidad. Me encantaría estar más en Chile.
¿Te gustaría agregar algo?
Quiero enviar un saludo a toda mi familia en Chile. Los quiero muchísimo, aunque no los vea muy seguido.