Si hablamos de arte, la palabra Guggenheim resuena con fuerza en el imaginario colectivo. El icónico museo de Nueva York no solo es uno de los espacios más influyentes del arte moderno y contemporáneo, sino también un punto de encuentro para artistas, coleccionistas y gestores culturales de todo el mundo.
Hasta ese escenario ha llegado la chilena Antonieta Landa, recientemente nombrada gerente senior de Donaciones Individuales del Museo Guggenheim de Nueva York. Curadora y gestora cultural con una trayectoria internacional que incluye Santiago, Shanghái y Nueva York, su trabajo se ha enfocado en abrir espacios para artistas latinoamericanos y explorar cómo la identidad se transforma cuando el arte cruza fronteras.
Desde la capital cultural estadounidense, conversamos con Antonieta Landa sobre su trayectoria, el rol de los museos en el mundo contemporáneo y las oportunidades para proyectar el arte chileno en la escena internacional.

Has desarrollado tu carrera en distintos países, trabajando con arte contemporáneo latinoamericano. ¿Cómo ha cambiado tu visión del arte y, en particular, del arte latinoamericano desde esa experiencia internacional?
Siempre he estado vinculada al arte contemporáneo latinoamericano, pero durante los últimos 13 años lo he trabajado desde la diáspora, especialmente con artistas que viven fuera de sus países.
Me interesa mucho cómo estos artistas trabajan la identidad desde la distancia. Es interesante ver cómo esa identidad va cambiando cuando uno vive fuera, cómo se van incorporando nuevas experiencias y cómo esa mezcla se refleja en el trabajo artístico. Habla de una experiencia global que se repite cada vez más.

¿Cómo ha cambiado tu percepción del arte chileno a partir de esta experiencia internacional?
He trabajado bastante con artistas chilenos, especialmente cuando viví en China. Algo que me llama la atención es que el arte chileno suele ser muy analítico y conceptual. Siento que los artistas chilenos son muy rigurosos en su trabajo, especialmente en comparación con otras escenas latinoamericanas.
Por ejemplo, en Nueva York veo muchos artistas caribeños con propuestas muy distintas. En el caso de Chile, las obras suelen ser más limpias, más precisas y con una fuerte base teórica. Esa es una característica que veo repetirse y que me parece muy interesante.
¿Crees que esa forma de trabajar tiene relación con la identidad chilena?
Creo que sí. Si nos comparamos con otros países de Latinoamérica, los chilenos tendemos a ser más tímidos. Mostrar una obra implica exponerse, y creo que los artistas chilenos piensan mucho antes de presentar su trabajo. Eso podría explicar por qué las obras tienen tanto desarrollo conceptual. Es una generalización, por supuesto, pero sí es algo que veo repetirse: un trabajo más reflexivo y elaborado antes de mostrarlo al mundo.
¿Qué rol crees que juega el arte en la construcción de una imagen país?
El arte juega un rol fundamental. Los artistas trabajan desde un espacio emocional y sensorial que a veces es difícil de transmitir solo con palabras. Las imágenes y las experiencias artísticas generan percepciones que influyen en cómo se entiende un país.
En Chile hay artistas increíbles, pero el ecosistema del arte todavía no está tan profesionalizado como en otros países. No hay aún una identidad clara del arte chileno que sea fácilmente reconocible desde afuera. Es un trabajo que requiere también una estrategia y un desarrollo del ecosistema cultural.
Desde tu rol como Senior Manager of Individual Giving en el Guggenheim, ¿cómo contribuyes a visibilizar el arte latinoamericano y en qué consiste tu trabajo?
Una de mis responsabilidades es trabajar con el Giving Circle latinoamericano del museo, compuesto por coleccionistas que impulsan el arte de la región y buscan generar espacios dentro del Guggenheim. Aunque no participo directamente en la curaduría, puedo apoyar a estos coleccionistas y fortalecer su presencia dentro del museo, contribuyendo a un ecosistema donde coleccionistas, instituciones y artistas se potencian mutuamente.
Mi rol se desarrolla en el área de filantropía, donde coordino distintos grupos de donantes que apoyan al museo. A través de programación, actividades y vínculos con artistas, busco fortalecer estas relaciones y fomentar el apoyo continuo al Guggenheim.

¿Cómo ves la filantropía cultural en Chile en comparación con Estados Unidos?
Creo que en Chile la filantropía cultural todavía no está tan desarrollada. Es muy necesario el apoyo de privados para sostener el ecosistema cultural. En Estados Unidos, los filántropos son fundamentales para que las instituciones culturales sobrevivan, y estas instituciones apoyan a los artistas.
Es un sistema que funciona y que podría desarrollarse más en Chile. Hay iniciativas como la ley de donaciones culturales, pero todavía hay espacio para fortalecer este modelo y facilitar las donaciones.
¿Cómo ves el nivel del arte chileno hoy?
Creo que el nivel es muy bueno, pero todavía falta mayor internacionalización. El arte chileno muchas veces se queda dentro del país y hay pocas conexiones internacionales. Sin embargo, cuando artistas chilenos trabajan en el extranjero, suelen tener muy buena recepción. Eso demuestra que el arte chileno tiene un gran potencial a nivel internacional.
¿Te sientes una embajadora de Chile a través de tu trabajo?
No sé si diría que soy una embajadora, pero sí creo que es importante mantenerse conectada con los artistas chilenos y apoyarlos desde donde estoy. Creo que quienes viven y trabajan fuera también son embajadores. Desde mi rol, puedo contribuir generando redes, organizando visitas o conectando a artistas con instituciones. Ese apoyo puede ser clave para el desarrollo de sus carreras.
