Febrero 04, 2026 #Chile Diverso #Vino

Vino del Desierto: la primera cepa chilena cultivada en el lugar más seco del mundo

La iniciativa liderada por académicos de la región de Tarapacá releva la capacidad de Chile para innovar y generar valor productivo en territorios de extrema aridez.

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En el corazón del desierto más seco del planeta, donde por décadas la vitivinicultura parecía imposible, Chile está escribiendo una de las historias más sorprendentes del vino contemporáneo. En la Región de Tarapacá, un proyecto científico liderado por investigadores de la Universidad Arturo Prat (UNAP) logró rescatar vides centenarias que sobrevivieron por más de 100 años en condiciones extremas, dando origen a la primera cepa vinífera chilena registrada: Tamarugal.

La historia comenzó en 2003, cuando el equipo de la UNAP inició el rescate de antiguas parras aisladas que habían logrado subsistir durante décadas en suelos salinos, con escasez absoluta de agua y expuestas a temperaturas extremas.

“El desarrollo de la vitivinicultura en Tarapacá tiene una historia de casi 500 años, pero esta actividad terminó aproximadamente en la década del 40. Quedaron plantas aisladas que sobrevivieron por casi 80 años en el desierto más árido del mundo, lo que nos indicó que se trataba de un material genético muy valioso de rescatar, porque se habían adaptado a estas condiciones tan extremas como son las altas temperaturas durante el invierno y un suelo que tiene sales y que además tiene boro que es un elemento tóxico para las plantas”, explica Ingrid Poblete, investigadora responsable del proyecto Vino del Desierto de la UNAP.

A partir de este hallazgo, el equipo identificó que era posible retomar esta actividad productiva, en un entorno completamente distinto al de la vitivinicultura tradicional. En esta zona de extrema aridez, el promedio de precipitaciones es de 0,6 milímetros por año, con temperaturas que superan los 28°C durante el invierno y noches frías que pueden llegar a los -7°C.

Fotografía obtenida del sitio web de Vino del Desierto.

Tamarugal, un vino con sabor del desierto

Durante el proceso de análisis genético, el equipo investigador descubrió que una de las variedades rescatadas no coincidía con ninguna cepa conocida alrededor del mundo. Siguiendo los protocolos internacionales, fue registrada oficialmente en 2016, convirtiéndose en la primera cepa vinífera 100% chilena reconocida a nivel mundial.

“A esta nueva cepa la bautizamos como ‘Tamarugal’, en honor a la zona donde la estamos cultivando. Es una de las cepas más nobles que hemos encontrado: tiene un crecimiento espectacular y una gran capacidad productiva, aunque manejamos su carga para priorizar una fruta de alta calidad”, señala Poblete.

El proyecto se sustenta en un modelo de viña boutique de alto valor agregado, con riego presurizado por goteo de 90% de eficiencia, utilizando aguas subterráneas milenarias de la Pampa del Tamarugal, con una residencia aproximada de 9.000 años y recarga natural desde las lluvias del altiplano.

Más allá de la producción de vino del desierto, el proyecto ha permitido desarrollar un modelo productivo adaptado a condiciones de extrema aridez, combinando eficiencia hídrica, investigación aplicada y puesta en valor del patrimonio agrícola del territorio. A ello se suma la participación de pequeños agricultores locales y la consolidación de una incipiente oferta de enoturismo en el norte de Chile.

Destilados con botánicos endémicos

Una de las diversas plantaciones de Tamarugal en el desierto está en los terrenos de Destilados del Desierto, una destilería boutique ubicada en el Oasis de Pica, dedicada a la elaboración de espirituosos artesanales que reflejan la identidad del territorio.

Así, además de cosechar el Vino del Desierto, en Destilados del Desierto tienen sus propias creaciones únicas en las que destacan “Picay”, un doble destilado de limón de Pica con botánicos locales, y “Altiplaniko”, un gin tipo London Dry elaborado con más de 12 botánicos endémicos de altura. Producidos en alambiques tradicionales y con materias primas propias de la zona, estos destilados expresan el carácter único de unos de los desiertos más áridos del mundo.

Más que vinos o destilados, estos proyectos dan cuenta de la capacidad de Chile para transformar territorios extremos en oportunidades de desarrollo sostenible. Ambos productos cuentan hoy con la Marca Chile, contribuyendo a posicionar al país desde el rescate genético y la investigación científica hasta la producción de bebidas de alto valor agregado. El desierto de Tarapacá se proyecta hoy como un laboratorio vivo de innovación agrícola y cultural.