En esta entrevista la directora general del Festival Internacional Santiago a Mil, se refiere al rol del evento como plataforma de proyección internacional para las artes escénicas chilenas y latinoamericanas, al impacto de “Platea” en la circulación de creadores y a la contribución de esta cita cultural a la imagen de Chile en el mundo.
Desde aquí se exporta Latinoamérica; desde aquí se arman giras que terminan programándose en los grandes escenarios del mundo durante los próximos años.
Con 33 años de trayectoria ininterrumpida, el Festival Internacional Santiago a Mil se ha consolidado como una de las principales citas culturales de América Latina, articulando creación artística, circulación internacional y vínculos sostenidos con los principales circuitos globales de las artes escénicas. Desde el sur del mundo, el evento teatral más importante del verano chileno, ha construido un espacio de encuentro que trasciende la exhibición de obras, proyectando al país como un actor relevante en el ámbito cultural más allá de sus fronteras.
Este posicionamiento internacional está estrechamente ligado a la visión y liderazgo de su directora general, Carmen Romero, cuya trayectoria ha sido reconocida por algunas de las instituciones culturales más relevantes del mundo. Su aporte al desarrollo y la internacionalización de las artes escénicas ha sido distinguido con la Orden Nacional del Mérito de Francia, el Premio Internacional al Mérito de la International Society for the Performing Arts de Estados Unidos y la Medalla Goethe de Alemania, entre otros reconocimientos.
En esta conversación, Romero aborda la relevancia del festival como ventana internacional para las artes escénicas de la región, su aporte a la proyección de Chile en el exterior y el rol de “Platea” como espacio de encuentro entre creadores, programadores y gestores culturales de todo el mundo. Una plataforma que impulsa coproducciones, residencias, giras y nuevas oportunidades de circulación, consolidando a Santiago a Mil como un nodo cultural desde América Latina hacia el mundo.
¿Qué factores explican que el Festival Teatro a Mil se mantenga y siga siendo influyente después de más de 30 años?
Es una instancia cultural que se ha convertido en un punto de atracción desde el cono sur hacia el mundo. Es una vitrina, una puerta que se abre a la creación de artistas chilenos y latinoamericanos para conectarse con otros territorios. También es una plataforma de internacionalización, porque programadores de distintas partes del mundo vienen a ver lo que ocurre acá.
Esto fortalece y contribuye a la imagen país y a la Marca Chile, porque ya somos reconocidos. Son 33 años ininterrumpidos de funcionamiento, lo que lo ha posicionado como una cita necesaria y obligatoria tanto para los grandes artistas que convocamos de Chile y del extranjero, como para los programadores interesados en saber qué está pasando en esta parte del mundo. Ahora bien, Teatro a Mil no solo presenta obras, también se relaciona con grandes artistas a nivel global para desarrollar colaboraciones y coproducciones.
¿Qué relevancia tiene FITAM como “ventana al mundo” para el desarrollo de las artes escénicas chilenas y latinoamericanas?
Es de una relevancia enorme, porque representa una posibilidad concreta para que artistas chilenos y latinoamericanos puedan circular en el mundo. Un ejemplo del beneficio para la industria local, más allá del espacio de difusión artística, es lo que ocurrió en la Feria de Osaka: llevamos una obra chilena proveniente de Valparaíso y fue un éxito total. Además, estamos trabajando con mucho entusiasmo en la Feria del Libro de Frankfurt 2027, donde Chile será el país invitado.
El lema del 2026 es “Sí importa”. Porque las artes sí importan, la cultura sí importa. Son parte constitutiva de nuestros países. Por eso estamos presentando a grandes artistas del mundo, como lo hemos hecho durante estos 33 años. Algunos vienen por primera vez a Chile y otros regresan después de relaciones que hemos construido a lo largo del tiempo. Este año presentaremos cerca de 90 obras provenientes de 18 países. Porque esta es una cita internacional: una plataforma que, desde el cono sur, se proyecta hacia el mundo.
¿Qué es “Platea” y cómo fortalece la presencia de Chile y Latinoamérica en el circuito global de las artes escénicas?
Hemos construido una plataforma sólida para las artes escénicas chilenas y latinoamericanas, transformándonos en la puerta de América del Sur hacia el mundo. Esto significa que muchos artistas pueden proyectarse internacionalmente y encontrar aquí oportunidades que antes no existían para circular con sus trabajos. Según nuestros estudios, el 82% de los artistas que presentamos terminan circulando posteriormente por el mundo.
Además, Platea se ha consolidado como un espacio donde ocurre un scouting profesional de alto nivel. Grupos de instituciones internacionales —como Pro Helvetia o el Instituto Francés— eligen Platea para reunirse con sus equipos, estar cerca del evento y, al mismo tiempo, definir sus nuevas políticas culturales anuales. Estamos hablando de países altamente desarrollados, como Suiza o Francia, que encuentran aquí un punto de encuentro relevante.
A nivel internacional, ¿qué valor cree que tiene para la imagen de Chile el hecho de albergar un evento cultural de esta magnitud?
Situar esta hazaña —que Chile sea hoy un país que recibe y también exporta arte escénico— es algo a lo que debemos prestar mucha atención entre todos y todas. Porque esta realidad tiene implicancias que van más allá de la circulación artística: genera empleo, impulsa el intercambio de ideas y también dinamiza la economía local. Desde aquí se exporta Latinoamérica; desde aquí se arman giras que terminan programándose en los grandes escenarios del mundo durante los próximos años.
Hasta el momento hemos realizado más de 500 giras a lo largo de estos años para muchos artistas chilenos. Algunas de estas giras las gestionamos directamente desde la Fundación, pero en muchos otros casos son los propios artistas quienes encuentran sus oportunidades de circulación a través de Platea. Esto es inédito: representa una forma concreta de dar estabilidad a compañías que, de otro modo, tendrían muchas dificultades para sobrevivir si no están presentando sus obras de manera constante, tanto por razones creativas como económicas.
¿Cómo imagina el futuro de esta cita cultural en los próximos años?
Aspiro a que el festival siga siendo esa luz que nace desde el cono sur, desde Chile. Porque no es solo un país que exporta cobre; es un país que exporta lo mejor que tiene: sus artistas, sus poetas, sus dramaturgos, sus escritores. Y quiero que eso siga creciendo. Que cuando pensemos en el mar, en este territorio hermoso que nos tocó habitar, pensemos también en su gente y en esos grandes creadores que le dieron dos Premios Nobel al país, que han sido aplaudidos en todo el mundo, que reflexionan y nos ayudan a interpretar la vida desde aquí.