Cuando Carlos Pascal eligió estudiar arquitectura, guardó un sueño. En el Chile de entonces, la gastronomía no era un camino convencional para apostar el futuro. Pero la mesa siempre había ocupado un lugar especial en su vida: creció en una familia donde preparar comida era una forma de encuentro, junto a su madre, su abuela y su hermana. Años después, ya en Madrid, una clase para complementar su sueldo le recordó que aquella pasión seguía allí.
El boca a boca convirtió esas primeras clases en una oportunidad y Carlos decidió apostar por ella. Así nació Kitchen Club, un concepto innovador en Madrid que transformó el aprendizaje gastronómico en una experiencia compartida, donde preparar, descubrir y sentarse a la misma mesa forman parte de un mismo ritual.
Su formación como arquitecto encontró entonces una nueva expresión: diseñar espacios pensados para que las personas se encontraran alrededor de un plato. Con el tiempo, Kitchen Club encontró un lugar propio en la escena gastronómica madrileña y llevó también a Chile una propuesta que combina aprendizaje, hospitalidad y encuentro.
Porque fue precisamente alrededor de una mesa compartida donde una historia nacida en Chile encontró un lugar en el corazón de Madrid.
