La curiosidad y la capacidad de asombro son motores para el desarrollo del conocimiento, especialmente en áreas como la ciencia y la exploración del territorio, y permiten que, en ocasiones, las trayectorias individuales comiencen mucho antes de tomar forma profesional. Así sucedió en mi caso.
La curiosidad y la capacidad de asombro son motores para el desarrollo del conocimiento, especialmente en áreas como la ciencia y la exploración del territorio, y permiten que, en ocasiones, las trayectorias individuales comiencen mucho antes de tomar forma profesional. Así sucedió en mi caso.
En 2024 comencé a estudiar formación avanzada en ciencias astronáuticas, pero el camino que me llevó a cumplir mis sueños comenzó varios años antes.

Crecí en un pueblo precordillerano de la comuna de Machalí, en un entorno sencillo, sin embargo, la manera en que aprendí a mirar la vida nunca lo fue. Mis padres siempre tuvieron una forma muy particular de enseñarnos: nunca hacia abajo, siempre hacia arriba y ojalá más allá. Ellos me enseñaron que la curiosidad no era un problema, sino una necesidad; que hacer preguntas era una forma de avanzar, y que el mundo –así como lo conocemos– merece ser comprendido y, por sobre todo, respetado.
Sin saberlo, ese fue el punto de partida.
Esa base emocional se transformó en impulso académico y me llevó desde la Región de O’Higgins hasta la Región del Biobío para estudiar Ingeniería Civil Geológica en la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC). En las geociencias encontré más que una profesión: encontré una manera de entender Chile, un territorio extremo, diverso y resiliente.

Pero no solo la tierra me inspiró, sino que también los cielos. Crecer bajo los cielos prístinos de nuestro país, referente mundial en astronomía, permite soñar y transformar esos anhelos en conocimiento capaz de cruzar fronteras.
Esa combinación de aprendizajes y aspiraciones me llevó a Europa y luego a Estados Unidos.
En España profundicé en ingeniería geotécnica y en Portugal encontré mentoría, además de redes que expandieron mis horizontes. Allí confirmé algo importante: ser chilena también es una fortaleza. Nuestro país es reconocido por su talento, su capacidad de adaptación y su experiencia en territorios complejos, y eso abre puertas en cualquier parte del mundo.
Cuando me llegó la carta del International Institute for Astronautical Sciences (IIAS), todo el camino recorrido –idiomas, buceo, congresos, publicaciones– cobró aún más sentido.
En septiembre de 2024 inicié el camino hacia las ciencias astronáuticas. Fue un inicio exigente, tanto técnica como físicamente, pero también una confirmación: la formación en ingeniería y ciencias en Chile puede enfrentar estándares internacionales. Y no solo eso: la convergencia interdisciplinaria, especialmente de un país líder en astronomía y minería, genera conocimiento pionero y necesario para la exploración de la humanidad.
Hoy entiendo que mi trayectoria no es sólo personal, es comunidad. Cada paso proyecta también a Chile: un país capaz de conectar ingeniería, ciencia, tecnología, innovación e identidad, amparado por una geografía extrema como laboratorio natural. Y eso me inspira a seguir con los pies en el suelo y la mente en el cielo, siempre hacia adelante.

Javiera Cortez G.
Ingeniera Civil Geóloga
Máster en Mecánica del Suelo e Ingeniería Geotécnica
Primera mujer chilena Ground School Graduate (IIAS)
Formación en ciencias astronáuticas (IIAS).