La bioquímica chilena destacada por su trabajo de soluciones para la agricultura, aborda en esta entrevista su experiencia como cofundadora de Pewman Innovation, su expansión internacional y la importancia de ser parte del programa de uso de marca “Made by Chileans”.
Denisse Bravo es bioquímica y Doctora en Bioquímica de la Universidad de Chile, profesora universitaria, directora de diversos proyectos de investigación y del doctorado en odontología traslacional, de la Universidad Andrés Bello y, además, cofundadora y directora científica de Pewman Innovation.
Llevar el sello Marca Chile nos permite mostrar que desde Chile se pueden generar tecnologías de frontera, basadas en ciencia de excelencia y con impacto global.
En esta última, junto a su socio, José Manuel Pérez Donoso, desarrollan productos nanobiotecnológicos para fortalecer la protección de plantas contra el daño por heladas y biofortificantes reforzados con microorganismos para mantener la salud de los cultivos. “El conocimiento científico cobra más sentido cuando logra transformarse en valor para la sociedad”, señaló.
El nombre Pewman significa “soñar” en mapudungún ¿Cómo se traduce ese sueño inicial en la misión y el propósito que hoy guían a Pewman Innovation?
El nombre Pewman Innovation nace de una fusión simbólica entre el mapudungún y el inglés, y significa “soñar en innovación”. Este concepto refleja nuestra esencia: transformar el conocimiento científico en soluciones tecnológicas con impacto real, desde Chile hacia el mundo.
Nuestro trabajo se centra en dos pilares altamente diferenciadores: el uso de microorganismos provenientes de ambientes extremos de Chile, como la Antártica y el Desierto de Atacama, en conjunto con nanotecnología orgánica. Desde Chile, impulsamos innovación con proyección global.
Pero ese “soñar en innovación” también tiene una raíz muy concreta: acercar la ciencia al campo, tender puentes entre el laboratorio y la tierra, y generar tecnologías que dialoguen con la tradición agrícola chilena. En Pewman creemos que la innovación cobra sentido cuando mejora la vida de las personas y fortalece los ecosistemas donde ocurre la producción.

La biotecnología agrícola es un ámbito altamente especializado y competitivo. ¿Qué ha significado para usted liderar una empresa científica en este entorno y cómo ha marcado su sello como mujer en la industria?
Ha sido un camino lleno de desafíos, pero profundamente gratificante. Liderar una empresa científica en biotecnología agrícola significa transitar entre dos mundos: el rigor del laboratorio y la rapidez que exige el mercado. Mientras mi formación y trayectoria académica me prepararon sólidamente para el primero, la agilidad y visión estratégica del segundo han sido un aprendizaje constante.
Como mujer, he buscado que mi liderazgo combine excelencia técnica con empatía y colaboración, entendiendo la innovación como un acto de cuidado hacia las personas, el medioambiente y la ciencia. Creo que mi sello ha sido demostrar que la ciencia liderada por mujeres puede ser versátil y transformadora.
Pewman ha posicionado el concepto de “inteligencia natural” como eje de su propuesta de valor. ¿Cómo este enfoque contribuye al desarrollo de soluciones sostenibles y a la competitividad de la empresa en mercados internacionales?
Cuando hablamos de inteligencia natural, nos referimos a la sabiduría biológica contenida en los microorganismos y sistemas vivos que han sobrevivido millones de años en condiciones extremas, donde casi nada puede sobrevivir. En Pewman aprovechamos ese potencial para desarrollar tecnologías que trabajan en armonía con los ecosistemas, potenciando la resiliencia de los cultivos sin depender de insumos químicos agresivos, o mecánicos altamente contaminantes.

El valor de la Marca Chile
Pewman es parte del programa de uso de marca “Made By Chileans”. ¿Qué valor aporta este reconocimiento en el escenario global y cómo considera que su trabajo como emprendedora y científica contribuye a fortalecer la imagen de Chile en el mundo?
Llevar el sello Marca Chile es un orgullo enorme, fue uno de los primeros procesos que realizamos en nuestra empresa. Representa el reconocimiento a una forma de innovar que nace desde el territorio, con identidad y propósito. Nos permite mostrar que desde Chile se pueden generar tecnologías de frontera, basadas en ciencia de excelencia y con impacto global.
Como emprendedora y científica, busco contribuir a la imagen de Chile como un país innovador, resiliente y sostenible, donde la ciencia y la innovación son de alta calidad y pueden ser utilizadas como herramientas para construir soberanía alimentaria y enfrentar el cambio climático. En ese sentido, la biotecnología aplicada al agro puede convertirse en un pilar estratégico de nuestra proyección internacional.
Entendemos que pasan por un proceso de expansión hacia mercados como Perú, Canadá y Francia, ¿cuáles son las principales oportunidades que identifican para las tecnologías desarrolladas en Chile y qué desafíos implica adaptarse a distintos estándares y normativas internacionales?
Chile es un laboratorio natural único. Las condiciones extremas de nuestro territorio nos permiten innovar con microorganismos y tecnologías con un alto valor adaptativo. Esa singularidad abre grandes oportunidades en mercados agrícolas que buscan soluciones biológicas de alto rendimiento y bajo impacto ambiental.
El principal desafío en el marco de la internacionalización ha sido adaptar nuestras tecnologías a los distintos marcos regulatorios internacionales, que varían mucho entre países y suelen avanzar más lento que la innovación (lo mismo pasa en Chile). Esto exige nuevas validaciones en terreno y una gran capacidad de gestión técnica y comercial por parte del equipo.
Una invitación a soñar
Finalmente, ¿qué mensaje entregaría a las nuevas generaciones de mujeres que aspiran a liderar proyectos científicos y tecnológicos con impacto global?
Les diría que se permitan soñar en grande, sin miedo y sin poner límites a lo que pueden lograr. La ciencia y la innovación necesitan más voces diversas y más liderazgo femenino, capaces de integrar empatía, colaboración y visión de futuro. Porque no hay sostenibilidad posible sin la mirada y el compromiso de las mujeres.
El camino no siempre será fácil, pero cada paso que damos abre espacio para otras. Perseveren, confíen en su conocimiento y recuerden siempre que hacer ciencia también es una forma de amar y cuidar el mundo.