Los Mejores vinos de “Colchagua Off”

Los Mejores vinos de “Colchagua Off”

Los Mejores vinos de “Colchagua Off”

26/04/2016
Tras el éxito de hoy de las ya famosas viñas colchagüinas, un puñado de pequeños productores comienza a hacer vinos a su pinta. Y algunos son deliciosos.

Tras el éxito de hoy de las ya famosas viñas colchagüinas, un puñado de pequeños productores comienza a hacer vinos a su pinta. Y algunos son deliciosos. Este es un nuevo aire para un valle que ya ofrece algunos de los mejores vinos en Chile.

Amelie Secretan es una francesa que llegó turisteando a Chile. Aquí conoció al que sería su marido. Se casó con él y se quedó en el país. “Para resumirlo, me vine por amor”, dice ella, sonriendo.

Esta pareja franco-chilena decidió instalarse en Colchagua. Allí compraron una casona, la restauraron (hoy funciona para eventos) y también decidieron aprovechar los viñedos para hacer vino. Con ellos producen La Quadra, un delicioso tinto, fresco y jugoso, una de las mayores sorpresas que tuve hace unos días, cuando pasé por el valle para catar los vinos de pequeños productores colchagüinos que, apoyados por Corfo, pretenden mejorar la calidad de lo que hacen.

En total, fueron quince los productores, desde pequeños viñateros que han decidido embotellar parte de sus uvas, pasando por enólogos y también extranjeros que, por una u otra razón, decidieron asentarse en Chile.

Colchagua es una tierra de tradiciones vitícolas. Pero además, en las últimas dos décadas, ha tenido la fuerza como para plantarse entre los destinos turísticos más destacados del Nuevo Mundo y, por cierto, con vinos que están a la altura. Resulta lógico, entonces, que tras el establishment de bodegas grandes y conocidas como Lapostolle, Viu Manent, Casa Silva o Montes (por nombrar sólo algunas) exista todo un movimiento de pequeñas aventuras tratando de sacarle partido al valle.

Como, por ejemplo, el italiano Luis Alegretti, que llegó a Colchagua hace unos trece años y hoy dedica su tiempo al Clos Santa Ana, una locura de bodega en donde no hay ni atisbos de tecnología. Sólo a modo de ejemplo, no tienen luz y hacen sus vinos con sus propias tinajas (hechas por ellos), y todo desde tres hectáreas que dan un vino tremendo en porte, lleno de una textura recia, potente. Yo, al menos, no había probado nada así de Colchagua.

Como tampoco había probado algo parecido a lo que hace el suizo Daniel Viederkehr, que llegó para trabajar como enólogo a la viña Carmen en 2001 y, diez años más tarde, comenzó a hacer cabernet sauvignon para su proyecto familiar Viña Nahuel, de un viñedo plantado en 1942. De esas viejas parras obtienen un cabernet delicioso, atípico en su acidez, vibrante en sus sabores.

Tal como Clos Santa Ana o La Quadra, este vino abre un mundo diferente que a veces sólo es posible cuando se trata de gente que hace un puñado de miles de botellas, de manera artesanal y casi siempre sólo motivada por el vino que ellos quieren beber, antes que por lo que el mercado les pide. Aire fresco, para un valle que ya ofrece algunos de los mejores vinos en Chile.

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