Tomás tenía 17 años cuando llegó al Mundial de Gimnasia de Anaheim, Estados Unidos. Allí presentó en suelo un movimiento extraordinario: un salto mortal atrás extendido con tres giros y medio. González esperaba que la acrobacia pudiera llevar su nombre, pero la FIG no la reconoció entonces, porque en esa época agregar medio giro a un elemento existente no bastaba para bautizar uno nuevo.
Años después, las reglas cambiaron y, tras realizar los trámites correspondientes, en 2018 la FIG incorporó oficialmente el “González” al Código de Puntuación.
Ese hito resume una carrera marcada por la perseverancia. González llegó a ser número uno del ranking mundial en suelo y salto, y en 2012 se convirtió en el primer gimnasta chileno en clasificar a unos Juegos Olímpicos. En Londres terminó cuarto en suelo y salto; luego compitió en Río 2016 y Tokio 2020.
Su trayectoria abrió un camino para la gimnasia chilena y le dio una visibilidad inédita en el país. Y de paso, puso al “González” en la historia de la disciplina a nivel mundial.
Fuentes: La Tercera, Wikipedia.
