Decidió cegarse. Era la antesala a la escritura de Anteparaíso. Tomó una tela adhesiva, la fijó en sus párpados. Debía mantener sus ojos abiertos para que el ácido hiciera efecto.
El poeta chileno Raúl Zurita llegó a la zona industrial de Santiago arrastrando un bidón de plástico azul. Pidió que lo llenaran. Volvió a casa con el contenedor lleno.
Tenía 30 años cuando decidió realizar este acto artístico en solitario. Tomó una taza y vertió el amoniaco que había comprado. Había leído que con una pequeña cantidad de amoniaco podía volver irreversible su decisión: cegarse.
Era el 18 de marzo de 1980. Quería experimentar un viaje existencial que luego sería expresado en sus versos.
Cerró sus ojos por instinto. Conservó la vista tras recibir asistencia médica.
Raúl Zurita ha sido reconocido con el Premio Nacional de Literatura y el Premio Griffin a la Trayectoria, entre otros galardones que lo han situado entre los grandes poetas de su generación.
Fuentes: La Tercera, El País, Memoria Chilena y Cuadernos Hispanoamericanos.
