Silencio. Un acorde no convence y la música se detiene. Vuelven al comienzo. Una vez más. En esa sala de ensayo, la prisa nunca tuvo lugar. Su entonces mánager, Emma Marín, lo resumió años después: “Ensayaban de lunes a lunes con una rigurosidad y calma que mantienen. No tenían al éxito como objetivo principal”.
En México encontraron un público que hizo propias sus canciones y una trayectoria que los llevó a escenarios internacionales, mientras Billboard los incluyó entre las 50 mejores bandas de rock latino de todos los tiempos.
El regreso de la banda, tras casi una década de receso, confirmó que aquellas canciones seguían vivas. No fue solo un reencuentro con sus seguidores; fue la prueba de que una obra construida con paciencia puede atravesar generaciones.
Así, el grupo hizo el camino inverso al de muchos artistas: llevaron consigo el sonido que habían construido desde el sur de Chile y fue esa autenticidad la que terminó conectando con miles de personas dentro y fuera del país. Porque Los Bunkers nunca dejaron de sonar chilenos para sonar universales.
Fuente: La Tercera.
