A los 12 años, Eduardo Bendek quería controlar un motor con un computador. Le faltaba un componente que no podía comprar, hasta que un desconocido que estaba en la misma tienda decidió regalárselo. Con ese gesto terminó su invento y descubrió que una idea puede cambiar de destino cuando alguien decide creer en ella.

Esa curiosidad lo llevó desde la ingeniería en la Universidad Católica y el Observatorio Paranal hasta la NASA. Durante 15 años trabajó en el coronógrafo del telescopio espacial Nancy Grace Roman, una tecnología capaz de crear pequeños eclipses artificiales para bloquear la luz de las estrellas y buscar planetas alrededor de sistemas como Alfa Centauri, el más cercano a la Tierra.

Quizás esa sea la mejor forma de entender su historia. Eduardo Bendek nunca dejó de mirar el cielo con curiosidad; aprendió a construir instrumentos para explorarlo. Y desde Chile hasta la NASA, demostró que también hay manos chilenas participando en las preguntas más grandes de la humanidad.

Fuentes: La Tercera, Visión Universitaria.

Somos Eduardo Bendek.
Somos Chile.