“Cuando me invitaban a competir y me decían que ganaría premios, me daba igual, yo iba porque me gustaba nadar”. La frase de Alberto Abarza explica mejor que cualquier medalla lo que significa para él nadar. En la piscina, el cuerpo que fuera de ella encuentra límites, recupera libertad y el mundo parece reducirse a una línea, un cronómetro y una meta.
Abarza conoció el agua siendo niño, en Teletón, y convirtió aquella experiencia en una carrera que lo llevó a la élite mundial.
Pero su historia también es una carrera contra el tiempo. El síndrome de Charcot-Marie-Tooth, una enfermedad progresiva que afecta sus músculos y nervios, avanza mientras él sigue compitiendo. Cada carrera es una oportunidad para llegar a la meta antes de que nuevos límites se interpongan en el camino.
Quizás por eso, para Abarza, nadar no es solo competir. Es volver a un lugar donde el tiempo se mide en segundos, brazadas y metas, pero también en libertad. Y cada vez que se sumerge, Chile vuelve a descubrir que hay límites que solo existen hasta que alguien decide cruzarlos.
Fuente: La Tercera – Alberto Abarza “El Gran Pez”
