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Museo Molino Lafkenche: Una experiencia viva de tradición y cultura de los mapuches “del mar”

Ubicado en el kilómetro 13 de la ruta que une Carahue con Puerto Domínguez, comuna de Saavedra, se encuentra el Museo Lafkenche Molino El Temo, que rescata el trabajo de recolección de trigo que realizaban las comunidades mapuches del sector y las prácticas tradicionales relacionadas con la gente del campo y la cultura lafkenche.

Los lafkenches, del mapudungún lafkenche (gente del mar), son uno de los grupos que conforman el pueblo nativo mapuche, habitantes de la zona Lafken Mapu (cordillera de la Costa y litoral de la región de La Araucanía) y por años, los principales usuarios del Molino El Temo.

Este molino tiene una historia de más de un siglo, a cargo de la familia Muñoz Necul. Luego de que se inundara en el maremoto de 1960, Jorge Muñoz Necul trasladó el molino a su ubicación actual, en la que desde el año 70, a cargo de su esposa María Riquelme Peña, prestó servicios a la comunidad campesina mapuche y chilena que acudía a sus puertas para poder elaborar harina de trigo.

“Llegaba mucha gente en bote, de gran parte de las comunidades del borde costero”, cuenta sobre la actividad del molino, María Albertina Huaracán Llankafil, nuera de su fundador, y hoy encargada del museo.

En su tiempo de gloria, el molino respondió a la demanda de producción de harina y derivados, de todo el sector Carahue, Puerto Domínguez y Puerto Saavedra.

Cuando este molino de principios del siglo pasado dejó de funcionar por la competencia y el mejoramiento de los caminos, en 1995, se pensó que terminaría como una bodega de la familia – el fin más próspero de la mayoría de los molinos rurales presentes en la región –, pero gracias a la visión de Gabriel Muñoz Huaracán, hijo de María y nieto de Jorge Muñoz Necul, ese destino cambiaría.

Tras sugerir visitar el Molino El Telmo en una salida a terreno junto a sus compañeros de universidad, Gabriel transformó el molino en un museo. Tiempo después, luego de ganarse un fondo Capital Semilla de Sercotec, logró lanzarlo como tal en enero de 2011.

“Yo quedé como guía de este museo”, indica María Huaracán. “Estoy a cargo de mostrarle a los visitantes, lo que fue la vida de nuestra comunidad en el pasado, el sacrificio que significaba en esa época prepararse para el invierno con harina y otros, porque no se podía salir por los malos accesos”, agrega.

Hoy en día, María indica que mucha gente mayor que ahora vive fuera de la comuna, llega al museo a revivir su niñez. “Aquí vine a moler en carreta, o vine a moler en bote”, recuerdan esos visitantes. “Hay mucha gente que pregunta si puede venir en familia, para mostrarles cómo era la vida de ayer, cómo hacían el pan nuestras madres, nuestras abuelas”, cuenta María.

Para María Huaracán, el Museo Molino Lafkenche no sólo es importante, si no que es una herencia fundamental para las futuras generaciones que tienen que mantener vivo este patrimonio cultural.

“Este proyecto es un sueño, es invaluable. Yo siempre les digo a mis hijos que lo cuiden, porque el valor más grande que tuvo es la visión de su abuelo, que construyó este molino. Y la visión que tuvo mi hijo de transformarlo en museo, también tiene que permanecer, y para eso, ellos tienen que seguir”, expresó.

Hoy los visitantes del Museo Lakafenche además de vivir una experiencia histórica y aprender de la cultura lafkenche, pueden disfrutar de un tiempo cómodo y agradable en la cálida cafetería del lugar.

Al recorrer las instalaciones del viejo molino, escuchar su historia y observar el proceso a través del cual el trigo de los campos de la zona llegaba a convertirse en pan, los viajeros pueden conocer un modo de vida diferente, entre lacustre y terrestre, que habla de embarcaciones y carretas, de trigo y harina y que reinó por años en Lafken Mapu, región de la Araucanía.

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Llelliuquen en Puerto Saavedra:
Turismo con cosmovisión mapuche

Llelliuquen es una palabra mapudungún que significa la máxima expresión de amor y respeto para la cultura mapuche. Eso es lo que ha querido inculcar Genoveva Neculman, emprendedora mapuche de Piedra Alta en Puerto Saavedra, en la experiencia que brinda a los turistas que visitan su complejo con el mismo nombre.

Ügnü Llelliuquen es el proyecto turístico que Neculman maneja junto a su esposo y tres hijas; un lugar que cuenta con cabañas para alojamiento, una ruka y un huerto donde plantan murtillas, fruto de la zona que constituye la materia prima principal para los productos orgánicos que venden.

Lejos de ser solo un destino vacacional, la emprendedora describe esta iniciativa como una experiencia familiar. “Mis visitas no son visitas, son parte de mi ruka, son mi familia”, dice Neculman, añadiendo que el entregar una buena atención y servicio a quienes pasan por Llelliuquen es su máximo deseo: “Eso es todo para mí, así quedo satisfecha”.

Además de ofrecer hospedaje y productos artesanales, Neculman cuenta historias y comparte la cosmovisión de su cultura con los visitantes. “Dentro de la ruka ellos comparten mate con nosotros, conversamos, les doy charlas”, relata Genoveva sobre las jornadas junto al fogón, agregando que una de sus principales enseñanzas es que todo se puede en la vida. “Querer es poder, y eso es lo que yo he intentado hacer en estos años de vida que tengo. Soy una mujer de 61 años, orgullosa de tenerlos, porque no han pasado en vano. Han sido una lucha”.

Al respecto, Genoveva analiza cómo el estallido social y la posterior llegada de la pandemia han afectado su negocio. Pese a que el número de visitas ha bajado, prefiere ver el panorama con optimismo, pensando que estas no son más que señales de un ser superior, su creador: “Algo nos está queriendo decir con todo esto. Ojalá nos esté preparando algo bonito, donde a futuro nos podamos abrazar en conjunto”, dice.

Neculman reflexiona finalmente sobre los valores que la mueven, tanto a ella como a su cultura y emprendimiento turístico. Dice que el respeto, integrado en la palabra Llelliuquen, es algo esencial en su vida. Respeto sin importar la cultura, el color político e incluso, de la piel.

“Soy una mujer mapuche: mujer de la tierra, de esfuerzo, de lucha. Eso impregna a los turistas y quedan con ganas de volver”, explica Genoveva. “No es que yo les haga un show a los turistas: esto es lo que soy”.

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La milenaria conexión entre la cultura
Mapuche y la observación del universo

En el sur de Chile, específicamente en lo que es hoy la Región de la Araucanía, existe un pueblo ancestral que por milenios se ha dedicado a observar la naturaleza, incluyendo el universo. Se trata del pueblo mapuche, quienes desarrollaron un amplio conocimiento del cosmos, gracias a una metodología de aprendizaje llamada “inarrumen”, basada en la observación de forma consciente para comprender los hechos de la naturaleza.

Esta contemplación activa del cosmos les permitió descubrir estrellas, cometas, asteroides, planetas y galaxias. Nombraron las constelaciones inspirados en los elementos de la naturaleza y las dibujaron en tejidos, cerámicas y orfebrería. También descubrieron la traslación de la tierra en torno al sol y el sistema heliocéntrico, al cual llamaron Tüway Mapu. Desarrollaron su propio calendario y detectaron fenómenos cósmicos también estudiados en el mundo occidental, como el solsticio de invierno el 24 de junio, que el pueblo mapuche lo interpretaba como la inclinación del eje terráqueo, que permitía el acercamiento aparente del sol al hemisferio sur.

Juan Ñanculef

Gracias al “inarrumen”, también se observaron eclipses solares. Juan Ñanculef, historiador e investigador mapuche, explica que si bien este fenómeno astronómico en que se ocultaba el sol por minutos se percibía como un desequilibrio en la naturaleza, rápidamente volvía la luz y se celebraba con ceremonias.

“Un gran principio mapuche dice que después de lo negativo viene lo positivo. Los pueblos indígenas celebraban cuando salía el sol y el augurio era que se venía buen tiempo”, afirma el investigador y autor del libro “Tayiñ Mapuche Kimün, Epistemología Mapuche: sabiduríay conocimientos”.

Tras el eclipse solar, se hacía mucho “guillatún”, la ceremonia ritual más importante del pueblo mapuche, con el fin de restablecer el equilibrio entre la tierra y el sol.

Ñanculef explica que, gracias a la observación, el pueblo mapuche descubrió que todo es energía, y el equilibrio está en la convergencia energética de los cuatro elementos: agua, tierra, aire y fuego. También, señala, para el pueblo mapuche las personas representan el cosmos en miniatura. “Somos la síntesis del cosmos”, afirma.

“Según la cultura mapuche, los seres humanos somos un cosmos andando. Nosotros estamos acicateados permanentemente por la energía positiva de arriba y por la energía negativa de abajo. Esa era la mentalidad cósmica del mapuche ancestral. Todo tenía un significado”, explica el historiador, quien espera que el fenómeno del eclipse solar en La Araucanía sea una oportunidad para visibilizar la cultura mapuche en Chile y el extranjero.

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